T1. Muuucha jeta
En esta sesión nos hemos adentrado de lleno en el mundo del autorretrato, partiendo de algunos conceptos básicos relacionados con la imagen. Estos contenidos nos han servido como base para comprender mejor la actividad práctica que hemos desarrollado posteriormente en el aula.
A lo largo de la clase también hemos reflexionado sobre cómo las personas estamos, de manera casi natural, preocupadas por la imagen que damos de nosotros mismos: el rostro, los gestos o la expresión facial. Todo ello forma parte de la construcción de nuestra identidad personal, un proceso especialmente importante durante la etapa de Educación Primaria, en la que los niños comienzan a conocerse y a reconocerse a sí mismos.
Tal y como señala Barrero (2026), para comprender a los alumnos es fundamental ponernos en su lugar. Desde esta perspectiva, el objetivo de este tipo de actividades no es que los niños aprendan a dibujar bien, sino que aprendan a expresarse a través del arte, utilizando el dibujo y el color como medio de comunicación.
Durante la parte práctica de la sesión realizamos nuestro propio autorretrato. Para ello, seguimos una serie de pasos guiados por el profesor. En primer lugar, dividimos el espacio de la hoja para respetar una proporción básica del rostro. A continuación, dibujamos un óvalo que sirviera de base y fuimos incorporando progresivamente los distintos elementos de la cara: ojos, cejas, nariz, boca, pelo y orejas.
En mi autorretrato se aprecia una figura centrada, donde el rostro ocupa la mayor parte del espacio, destacando especialmente los ojos y el pelo. El uso de colores es intenso y poco realista, con un fondo compuesto por trazos amplios en tonos azules y verdes, realizados de manera rápida y repetitiva. El color no busca representar la realidad, sino expresar de forma libre, imitando la manera en la que podría hacerlo un niño de Educación Primaria.
Una vez terminado el dibujo, dispusimos de un tiempo limitado para colorearlo, lo que nos obligó a dejar de lado el perfeccionismo y centrarnos en la expresión espontánea. Esta era, precisamente, la finalidad de la actividad: ponernos en la piel del alumnado, comprender su forma de crear y valorar el proceso por encima del resultado final.
A través de esta experiencia he podido reflexionar sobre la importancia del autorretrato como herramienta educativa. No solo permite trabajar la expresión artística, sino también aspectos transversales como la identidad personal, el autoconcepto o la imagen que tenemos de nosotros mismos. En Educación Primaria considero fundamental flexibilizar los tiempos y adaptarse al ritmo de cada alumno, para que todos puedan comprender y disfrutar del proceso creativo.
Como futuro docente, me quedo con la idea de que el arte debe ser un espacio de libertad.
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