T2. Explorando la expresión corporal
Introducción
La sesión del día 18 de febrero estuvo centrada en el estudio de la figura humana y en utilizar el dibujo como medio de expresión en al aula de Primaria. En primer lugar, a modo de contextualización de la práctica, Barrero (2026) habló de los distintos cánones de belleza que han existido a lo largo de toda la historia y de como cada época ha construido su propia idea de cuerpo ideal. También se mencionó la labor de Pablo Picasso y el Cubismo como muestra de que la deformación y la simplificación de las formas pueden ser muy expresivas si se tiene un buen dominio del dibujo anatómico, es decir tener la capacidad técnica y el conocimiento para representar la figura humana de manera proporcionada y creíble.
Desarrollo
En primer lugar, esta práctica se inició con un ejercicio de observación a cerca de las proporciones básicas o generales del cuerpo humano. En una primera hoja realizamos una figura de frente, dividiendo el folio en franjas horizontales de tal forma que nos ayudaba a colocar la cabeza, el tronco y las extremidades de manera proporcionada. Después repetimos el mismo procedimiento con una figura de perfil, lo que nos hizo pensar en cómo cambian las relaciones entre las partes del cuerpo cuando este gira y se desplaza en el espacio.
Una vez comprendida esta base, pasamos a trabajar con una serie de imágenes que nos proporcionó Barrero (2026), en la que a partir de un esquema sencillo de círculos y líneas que representaban articulaciones y huesos, fuimos situando las figuras en diferentes posturas: piernas flexionadas, brazos en alto, inclinaciones del tronco... Estas primeras posturas se hicieron a lápiz y con tiempo suficiente para poder borrar y corregir, más tarde esto cambió y pasamos a la acción por llamarlo de alguna manera. En esta segunda parte, el ritmo de trabajo fue más rápido y dejamos de lado el lápiz para comenzar a utilizar ceras de color, primero con la punta y luego con el canto. Al mismo tiempo, el tiempo del que disponíamos para cada figura se fue reduciendo progresivamente hasta llegar a tener solo unos segundos para dibujar. Este límite temporal nos obligó a soltar el trazo renunciando al detalle y simplemente centrándonos en dibujar la idea general del cuerpo. Es por ello, que los dibujos resultantes eran menos precisos, pero transmitían mucho más movimiento y energía que los primeros.
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